Jean Dufy

La Havre (Francia), 1888 - 1964
Dufy,Jean.jpg

Jean Dufy nació en 1888 en Le Havre, el gran puerto en la costa noroeste de Francia. Tenía ocho hermanos. Pertenecía a una familia humilde, pero los esfuerzos de su padre por mantener a la familia no le impidieron dedicar su tiempo libre a su afición, la música. Tocaba bien el órgano y trasmitió a todos sus hijos su propio gusto musical y su amor por la buena música. La familia era de descendencia mixta. Un lejano antecesor irlandés les legó el nombre de Dufy y había también sangre francesa y alemana en la familia.

Jean Dufy acudió a la Escuela de Bellas Artes de Le Havre, y más tarde estudió en París con Othon Friesz. La predilección de Jean por el arte se manifestó a temprana edad, ya que empezó a pintar a los catorce años. Inevitablemente, después de sus estudios en Le Havre, Jean Dufy viajó a París donde Friesz, Braque y Raúl Dufy, su hermano, le habían precedido. Raúl, junto con Friesz y Braque, habían intimado con Rouault, Vlaminck, Derian y Marquet, y aunque la relación de Jean con estos artistas mayores que él fue primeramente como estudiante, gradualmente ganó su amistad.

Una sombra enturbió estas amistades artísticas, una sombra que oscureció la relación de los dos hermanos, Raúl y Jean. Raúl había recibido un encargo para producir un mural inmenso para el Palacio de la Electricidad en la Feria Mundial de París del año 1937.  Pidió ayuda a su hermano Jean y a André Robert. El mural consistía en una serie de paneles describiendo vivamente el papel tan importante de la electricidad en nuestras vidas. A pesar del enorme tamaño del mural, casi dos semanas después de los trabajos preliminares de búsqueda, fondos y dibujos se habían completado, y toda la pintura finalmente terminada. Parece ser que Jean jugó un importante papel en la proyección de esta inmensa pintura, a tal punto que sintió que debía de recibir igual crédito por ello que Raúl. En lugar de ello, Raúl recibió todo el mérito cuando la Feria Mundial fue inaugurada. Preocupado y, tal vez amargado por esta experiencia, Jean desapareció de la escena artística parisina, y se fue a vivir tranquilamente con su esposa en la región de la Loire, una de las mas serenas y hermosas áreas de Francia.

Aunque era miembro del Salón de Otoño y exhibía periódicamente en él, en aquel tiempo Jean Dufy permanecía distante, trabajando solo, evitando el contacto con otros artistas. De todos modos su vida no era la de un misántropo. Vivía alegremente aunque con calma, absorbido en sus pinturas y haciendo de vez en cuando largos viajes con su esposa a París y a las costas francesas, a Grecia, España, Italia, Portugal, Suecia y Dinamarca. Allí donde iba, su aguda visión y su retentiva memoria absorbían todo lo que veía, plasmando bocetos, dibujos a lápiz y a tinta, guaches y óleos, todos ellos llenos de su exuberante visión y deleite con la variedad de la belleza del mundo y de las actividades humanas.

Cuando estaba en casa en el campo, la mayor parte del día lo pasaba pintando. Después de la pintura, tocaba diariamente su guitarra. Era un artista experto con este instrumento, habiendo heredado las dotes musicales de su padre. Aunque  parecía un solitario, por las noches dejaba su estudio para ir a bailar o para ir a algún café en la cercana pequeña población. Jean Dufy observaba, escudriñaba, estudiaba las facetas de personalidad individual de sus conciudadanos, y entonces volvía fresco a su casa de campo, listo para retomar sus pinturas en la mañana.

Los que le conocieron íntimamente en sus últimos años, le describen como «un irascible y viejo tirano con apariencia exterior de mal genio, pero con un corazón de oro enterrado en su interior». El retiro en el campo, viviendo calmadamente con su esposa en su casa, era un retiro solamente en apariencia externa. Bajo esta  engañosa apariencia se encontraba un artista con un amor por el color brillante y una aparente facilidad bajo la que se enconde una excepcional técnica y un sentido arquitectónico de primer orden. En sus acuarelas, guaches y oleos, nos encontramos capturados al mismo tiempo por su brillante color, sus sobre posiciones de valientes trazos y deslumbrantes tonos de color, sus libres pinceladas de fuertes sombras. La visión superficial de su pintura es resultado de la firme, fuerte y sólida composición que subyace en todas sus obras.

Estudiar sus bocetos a lápiz o sus dibujos a tinta es una revelación, ya que en ellos nos damos cuenta del proyecto magistral, la manera caligráfica, y el dibujo absolutamente controlado que se encuentra en el fondo de sus pinturas.

La calidad es visible en todas las obras de Jean Dufy y su temática extensa. Escenas de París; el mar; barcos y puertos; flores; conciertos; bodegones; paisajes; escenas de caza; jinetes en el Bosque de Bolonia - todas con el trazo individual, distintivo y vivaz de sus pinceles. Una gran parte de su vida practicó la música, y la música aparece cuando se estudia su obra. A veces se está tentado de decir que la música parece audible cuando se mira su trabajo. Como si la música que Jean Dufy hubiese dibujado desde su guitarra se hubiese transferido a sus telas.

Aunque su reputación era de calmado y retraído, Jean Dufy fue un enamorado de la vida en todos sus aspectos, su exhuberancia  y su alegría meramente por estar vivo se reflejaba en todo lo que dibujaba o pintaba. La gracia que heredó de sus antepasados franceses, la inteligencia brillante de sus antepasados irlandeses y el firme sentido del trabajo bien hecho sin duda heredado de sus antepasados alemanes se encuentran mezclados en su arte, otorgándole un don como artista y una gran destreza como pintor. Su obra transmite al espectador un sentimiento de vitalidad, alegría y deleite en la belleza del mundo.

Wally Findlay Galleries representó a Jean Dufy en los Estados Unidos durante su vida y ha exhibido su obra durante muchos años.

Obra

Le Champ de Course
Jean Dufy
Le Champ de Course
Gouache sobre papel
48x71 cm.
Place de la Concorde
Jean Dufy
Place de la Concorde
Gouache sobre papel
46x56 cm.