Constantin Kluge

Riga (Letonia), 1912 - 2003
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Constantin Kluge nació en Riga, Latvia, en 1912, hijo de padres rusos. Su padre era graduado por el Instituto Politécnico de Riga, y su madre profesora de Literatura. En 1917 el caos de la Revolución Bolchevique y luego la Guerra Civil desarraigaron completamente a la familia. Ellos tuvieron que trasladarse frecuentemente y llegaron a Manchuria en 1920. Allí, el pequeño Constantin aprendió a hablar el Mandarín. En 1925 la familia se mudó nuevamente a Shangai, donde Kluge se graduó en la Escuela Superior Municipal Francesa. A sus diecisiete años fue un miembro muy activo del Club de Arte de Shangai. En esta época de su vida también tocaba el violín y el violonchelo. En 1931 Kluge viajó a París para estudiar arquitectura en la Escuela de Bellas Artes, y en 1937 se graduó en arquitectura por el gobierno francés.

Los años que pasó estudiando y viviendo en el Quartier Latin de París crearon en Kluge un fuerte lazo hacia las escenas características de París, y, en lugar de volver inmediatamente a Shangai con su familia, alargó su estancia en París seis meses pintando óleos con vistas de la ciudad, simplemente para retratar y preservar los parajes que tanto amaba. Los años de infancia pasados en Oriente contribuyeron a su amor por la pintura. Su profesor chino le enseñó, desde la edad de diez años, un respeto por el arte, y la actitud de los orientales hacia las bellezas de la naturaleza inspiraron al joven artista la descripción de la belleza y la eliminación de lo sórdido y vulgar en sus pinturas. Cuando Kluge regresó a China, practicó su profesión de arquitecto por un tiempo. Pero cuando sus amigos le persuadieron para exhibir sus pinturas, la exposición fue tan exitosa y produjo tanto entusiasmo que Kluge pensó que la pintura, su gran amor, podría aportarle su sustento. Kluge pasó los años de la II Guerra Mundial en Shangai y estaba convencido de que no tuvo problemas con los ocupantes japoneses debido al respeto y amor que el pueblo japonés siente por la pintura.

En 1946 Kluge aceptó un puesto en un estudio de arquitectura en Hong Kong y continuó pintando en su tiempo libre. En 1950 Constantin regresó a su amada París. Era ya un experto y exitoso pintor en aquel momento, por lo cual no fue sorprendente que ganase un premio y mucha expectación en el Salón de París el año 1951. Desde entonces exhibió frecuentemente su obra en los Salones consiguiendo incrementar la atención del público. Kluge fue miembro de la Sociedad de Artistas Franceses y en 1961 fue condecorado con la Medalla de Plata y con el premio especial Raymond Perreau otorgado por la Fundación Taylor en el Salón.

En 1962 recibió la codiciada Medalla de Oro del Salón. En 1990, Kluge ganó uno de los más prestigiosos premios concedidos por el gobierno francés: fue nombrado Caballero de la Unión de Honor por el Ministerio de Cultura. En 1991, fue premiado con la Gran Medalla de la ciudad de Senlis. Completamente cautivado por las distintas facetas de París, Kluge se volcó pintando esa hermosa ciudad. La alegría y animación de los mercados de flores, las poéticas y quietas áreas a lo largo del Sena, la especial luz del sol en las primaveras de París, la sofisticación de esta reina de ciudades fueron maravillosamente expresadas en sus variadas composiciones. Su fascinación por París era contagiosa y conseguía sumergir al espectador dentro de cada pintura. Sus pintorescas escenas de puertos donde el color del agua y las velas se unen delicadamente modulando imágenes de gran belleza, así como sus pinturas a lo largo del Sena, son especialmente agradables y convincentes.

Probablemente debido a su primer aprendizaje de arquitectura, Kluge pintó al principio de su carrera temas incluyendo edificios de muchos tipos, pero los paisajes puros le intrigaban también. En sus escenas campestres de la provincia francesa donde el sol y las calidades de los cambios atmosféricos le representaban un nuevo reto, Kluge usó la misma sensibilidad y sentido de la belleza plasmado en sus otras obras. Es interesante observar en este hábil pintor la gama de sus variados temas. Mientras Kluge continuaba pintando, también fue un escritor de considerable talento. Su autobiografía, Constantin Kluge (publicada en 1987), detalla su fascinante vida e incluye muchas reproducciones a color de sus pinturas.

Los críticos de arte franceses dijeron que Constantin Kluge es un pintor de realismo poético. Kluge pintó sin afectación, con un estilo franco y honesto. Su dibujo firme y sus formas bien construidas se mezclaban en una atmósfera de color sutil. Disfrutaba pintando y comunicaba su alegría al espectador.

Obra

Place de la Madeleine
Constantin Kluge
Place de la Madeleine
Óleo sobre tela
130x96 cm.
Montparnasse
Constantin Kluge
Montparnasse
Óleo sobre tela
92x73 cm.
Le Rond Point des Champs-Elysees
Constantin Kluge
Le Rond Point des Champs-Elysees
Óleo sobre tela
74x117 cm.